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Los docentes pueden gastar mucho tiempo y esfuerzo en preparar sus clases, para finalmente descubrir que los estudiantes habrán aprendido muy poco de toda la exposición. Para evitar esto necesitan trabajar deliberadamente con los estudiantes para ayudarles a obtener el mayor beneficio de las clases.
A este aspecto se denomina proceso de aprendizaje activo. Es la consolidación e internalización de la información, por el aprendiz, de manera que sea personalmente significante y conceptualmente coherente. Es el camino del entendimiento más allá de la simple memoria. (Caine y Caine, 1991: 147)
A través de investigaciones sobre el aprendizaje y el cerebro humano, Caine y Caine (1991) revelan el importante rol de la reflexión en el proceso de ayudar a que la información llegue a ser significativa para el estudiante. La reflexión provee una oportunidad para que el cerebro cree significancia del material nuevo.
Tal vez haciendo una pregunta cerrada se genere una conexión por ejemplo: “Como se vincula el material que hemos aprendido hoy con el material de la semana anterior”, La respuesta a esta pregunta puede ayudar a los estudiantes a tener un sentido adicional de la lección que se acaba de avanzar.